22 March, 2008
Después de una semana alejado de la actualidad vuelvo y me encuentro con toda una Guerra Civil en Red Liberal. Siempre he creído que los problemas se solucionan mediante la discusión, que el debate enriquece y nos hace avanzar en el camino que nos conduce a la verdad. No seré yo, por tanto, quien pida una tregua y el cese de hostilidades entre los liberales. Si me gustaría que muchos tengan en cuenta que los enemigos de hoy fueron amigos y que, seguramente, volverán a serlo.
Después de esta breve dispersión vuelvo al tema que me ocupa. En estas santas vacaciones he aprovechado para escaparme al sur y dar continuidad a aquel viaje que me llevó hasta Gibraltar. En esta ocasión, y aprovechando la efeméride del 19 de marzo, he querido visitar Cádiz, el Oratorio de San Felipe Neri y rendir mi particular homenaje frente al monumento que rememora las Cortes de 1812 y nuestra primera Constitución.
Ha sido esta una visita llena de contraposiciones y experiencias de todo tipo. Hubo tiempo para todo y, sobretodo, para desconectar de la abrumadora actualidad. Aunque descansar, descansamos poco. Tras las elecciones lo necesitaba. Ni un solo periódico llegó a mis manos y rehuí toda conversación sobre política. Me dejé abstraer por la belleza de una Sevilla que no visitaba desde hacía 16 años, relajarme sumergido en el Atlántico y bañado por el sol que ilumina el Puerto de Santa María. Tampoco faltó el necesario recorrido por las mismas calles que vieron nacer a España como nación política, una celebración cívica que en muchas ocasiones coincidió con la religiosa. Y sobre esto tengo que añadir que nada tienen que ver las procesiones de mi querida Palma con las de Andalucía, nada de nada. Para alguien que como yo desde que tengo uso de memoria ha vivido, desde dentro y desde fuera, esta peculiar tradición que se mezcla con el fervor religioso, la sorpresa y admiración fueron inimaginables. Seguramente porque allí les mueva más la fe que la tradición, el sentimiento y la admiración hacia lo trascendente. O la superstición, vaya usted a saber.
Pero la fusión no se quedo ahí, el mismo día que desayunaba las torrijas más cojonudas -con perdón- que he probado a la noche merendaba unos deliciosos pancakes preparados por manos americanas y con los mágicos polvos de la tía Jemima. Polvos y sirope que ahora guardo en casa para celebrar de forma particular la pascua de resurrección. A falta de mis crespells, robiols y panades que tanto añoro no serán malos sustitutos.
Podría contar alguna cosa más pero prefiero guardármelo para lo que ya es una experiencia inolvidable. A Cádiz volveré en 2012.
3 January, 2008
No pregunten cómo, pero terminé el año tomando las uvas en Gibraltar. Lo normal hubiese sido salir de fiesta -pero eso está muy visto- así que ¿qué mejor alternativa que plantarse en el medio de la plaza colonizada y reivindicar su soberanía a ritmo de la tradición de las doce uvas? Ya saben lo extravagante y excéntrico que uno puede llegar a ser. Llegamos a Algeciras por la tarde –una ciudad más africana que europea- para acercarnos a Gibraltar –una ciudad más inglesa que española pero más española que africana, curiosidades de la Historia- y por la mañana acercarnos hasta Tarifa, y contemplar a la luz del primer amanecer del año que, a veinte grados, bañaba las orillas del Mediterráneo y el Atlántico. A la vuelta, despertar en un Madrid de mucho frío, algo de lluvia y todo un año por delante.
Si la experiencia parecía imposible los que fuimos la vivimos alegremente, y seguramente, por sus características, será irrepetible e inolvidable. Fuera de España, pero entre españoles; sin campanadas pero con uvas; entre ingleses pero hablando español; y entre alcohol pero sin beber una gota. Una noche vieja diferente y necesaria en momentos extraños de cambio que siempre supone la entrada en un año nuevo. ¿Propósitos para el 2008? Como dice mi portera cada mañana: ¡A la tarea! Pues eso. ¡Y feliz año!
6 August, 2006
Para quien no se haya dado por enterado aviso que estoy de vuelta en tierras españolas. No sé que ocurre que durante mis viajes, en mis idas y mis venidas, acontecen multitud de hechos relevantes, véase en esta ocasión la semiabdicación de Castro o las huelgas en el Prat (me siento tan feliz de haber ido en barco y no en avión hasta Barcelona…).
Nada contaré en un blog político como éste sobre lo especial del sistema política del Principado de Andorra. Nada sobre sus dos príncipes heredados del conseñorío entre el obispo de la Seo de Urgel y el conde de Foix, que hoy son el obispo, nada cambia en los reinos del señor, y el presidente de la República francesa como heredero de los títulos del Rey de Francia entre los que estaba el Conde de Foix. Pero ya os lo advierto, ni una palabra sobre estos temas.
De vuelta del país de los pirineos constato dos realidades que nos son las más relevantes pero que sí me llamaron la atención: la cantidad de rotondas por Km. de carretera en Andorra y la afición de las moscas andorranas a penetrar en los comedores y habitaciones del país. Lo primero no resulto un fastidio para la conducción pues son rotondas que apenas no existen: se ignora el ceda el paso y siempre se sigue la trayectoria que marca la línea recta. Me dicen también que fueron obra de una noche, al acostarse no había rotondas y a la mañana siguiente no había otra cosa en las calles. Y en cuanto a las moscas me quedaré con la duda de si los andorranos no toman precauciones contra ellas o si son tan numerosas que es inevitable desayunar, comer, cenar y dormir disfrutando de su insectil compañía. En cualquier caso la falta de oxigeno afectaba a su sistema motor y resultaba muy sencillo matarlas. O eso o son más tontas que las moscas españolas, nunca se sabe.
Dejando atrás el tema de las moscas y las rotondas este viaje me ha servido para alejarme de esta insoportable ola de calor y humedad que sufrimos, disfrutar de una maravillosa compañía, curtirme en la conducción peninsular (la vuelta hacia Barcelona fue una epopeya digna de ser narrada por Homero), hacer una escapada que permitió adentrarnos en la Francia profunda e incluso recorrer una y otra vez la carretera del Coll d’Ordino de hermosas vistas y cerradas curvas que tantos mareos nos deparó. Y es que fueron tan intensos los pocos días que allí estuvimos que incluso tuve tiempo de hacer una incursión hasta España para visitar a un viejo y buen amigo. Porque los niños disfrutaron como nunca pero los mayores no lo hicieron en menor medida: las temperaturas, la comida, el vino, los paisajes e incluso las actividades que hicieron que algunos nos asemejásemos a Tarzán haciendo que nuestras vidas pendiesen de un hilo –literalmente- hicieron de éste un viaje inolvidable pues su gozo y sonrisas no tienen precio ni comparación con cualquier otra actividad o diversión.
Nada contaré en un blog político como éste sobre lo especial del sistema política del Principado de Andorra. Nada sobre sus dos príncipes heredados del conseñorío entre el obispo de la Seo de Urgel y el conde de Foix, que hoy son el obispo, nada cambia en los reinos del señor, y el presidente de la República francesa como heredero de los títulos del Rey de Francia entre los que estaba el Conde de Foix. Pero ya os lo advierto, ni una palabra sobre estos temas.
El viaje sólo tuvo dos inconvenientes: que algunos no vinieron y otros no pudieron quedarse.
16 August, 2005
Después de un viaje de tres semanas que incomprensiblemente han sumado 22 días he vuelto a mi querida isla, a mi país. Es difícil resumir todo cuanto se ha hecho, aprendido y visitado en ese tiempo así que he decidido hacer una serie de 22 capítulos temáticos sobre mis andanzas en aquella ciudad que es mucho más que una ciudad.
Solo os pido un poco de paciencia pues tengo muchas cosas que hacer y poco tiempo así que ignoro cuando terminaré de escribir la serie completa. En cambio si os puedo decir cuando empiezo a escribir, ahora mismo.
Mi viaje comenzó un 14 de Julio, junto a mi prima y con toda la ciudad de Londres, entonces prácticamente desconocida, con una maleta excesivamente grande y una mochila roja que me acompañaría en mi tranquilo pero incesante caminar por calles y callejas.