A riesgo de caer en imprecisiones voy a hacer una pequeña reflexión teológica, es complicado pero pienso que si los curas pueden hablar de sexo yo también puedo hablar de religión. Faltaría más.
La España eterna recorre las calles y callejas de pueblos y ciudades a lo largo y ancho de toda España en forma de procesiones. Unos portan a cuestas las imágenes veneradas, otros las acompañan con cirios encendidos rodeados por un silencio de muerte que sólo rompen los tambores y sus marchas fúnebres o alguna que otra saeta.
Bajo esta estampa turística y tradicional española se esconde toda una concepción religiosa y cultural de la muerte así como un reflejo de una sociedad anclada en el tradicionalismo pero a su vez abierta al progreso y el cambio. Son las dos almas de España.
Nunca he entendido muy bien porque es la Navidad la fiesta feliz y “grande” de la gente corriente, de la gente de la calle, de la gran mayoría El catolicismo ha dado una visión gris y moribunda del mensaje que contienen los evangelios que no es una celebración del nacimiento sino de la muerte de Cristo. Muerte que no es sinónimo de tristeza sino de felicidad, de esperanza y de, aunque parezca una contradicción vida. Porque es en la muerte de Jesús donde su mensaje cobra verdadero significado y sentido, sin el sacrificio del Dios que se hace hombre para morir a manos de su propia creación todo deja de tener sentido.
En una conversación días atrás escuché impávido como algunos decían que no entendían la existencia de Dios desde el momento en que éste ante las desgracias, muertes y pobreza no bajaba a la tierra para hacerse presente y arreglar su desordenada creación. Estas gentes bienpensantes -que critican la religión pero eligen colegios católicos para educar a sus hijos- no reparan en una cuestión mínima importante, si un ser supremo interviniese en la vida humana, ¿dónde quedaría la libertad humana? Su grado sería cero, y es que Dios, suponiendo que exista, otorga al hombre, su creación cumbre, el mayor bien que no deja para el resto de seres y cosas que habitan el Universo: la libertad. La libertad para acertar o equivocarse, libertad para ser generosos o tacaños con el prójimo, libertad para la venganza o para lo compasión. Porque quien no entienda este pequeño hecho o bien no ha reflexionado lo suficiente o directamente desprecia el libre albedrío que le permite perseguir su propia felicidad sin que otros intervengan (sean otras personas, dioses, estados o religiones.
Es pues esta libertad absoluta que otorgaría Dios a los hombres lo que les permitía asesinar a su propio Dios, y no lo hacen cualquiera sino que es decidido por aquellos a los que esperaban a ese mesías y a los que iba dirigido el mensaje de Cristo, los judíos. Esta diferencia, que no es menor, con otras religiones marca el punto de inflexión y la capacidad de futuro y desarrollo de toda una cultura no basada en la sumisión a los dioses y a sus representantes en la Tierra sino que abre las puertas al camino de la libertad del Hombre sin ataduras de ningún tipo. Ahí es nada Es el asesinato de Jesús lo que permitiría el derramamiento del espíritu santo, la libertad que hasta entonces sólo había sido permitida para elegidos y autoproclamados se abría a todos.
La muerte no como el final del camino sino como un paso más hacia la esperanza, un futuro que no se conoce pero que se afronta con valor y fuerza. Porque es en la vida compartiendo el amor y viviendo según el nuevo y genuino mandamiento que deja Cristo «Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros; como yo os he amado, amaos los unos a los otros» (Juan 13,34). Y aquí reside principalmente el error de la Iglesia Católica porque es en el nuevo mandamiento la única forma posible de llegar al reino de los cielos. Es en la observancia de ese mandamiento sencillo y benevolente, tan humano, donde se esconde la fórmula para hacer posible el paraíso en la Tierra y que el reino de Dios se haga presente. La muerte pasa a un segundo plano y es algo anecdótico pues lo importante realmente es la vida y cuanto hemos amado.
La muerte de Jesús implica su triunfo, es vida. Y por tanto no deberían ser estas fechas tristes para los cristianos sino motivo de felicidad y gloria, celebración de la vida pasada y futura. Porque es sólo a través de la muerte cuando se consigue la plenitud de la vida.
Feliz día de Pascua.








