La euforia ha desatado el patriotismo reprimido de los españoles para teñir las calles de jolgorio y rojigualdas. Ayer noche huí del partido por huir del aborregamiento generalizado que, bandera en mano, tararea el himno de una nación que apenas existe. Aunque el corazón dicta otra cosa, me repugna la inconsistencia de aquellos que enarbolan un símbolo que no simboliza nada. Dicen que así, al menos, se hace país. Pero la verdad es que ayer lo único que se hizo fue caja. Los medios de comunicación amigos del poder están cosechando la gran victoria de la Eurocopa gracias al despertar de los instintos grupales que esconde, pero no destruye, la racionalidad humana.
Yo, prefiero mantenerme al margen y comenzar el largo camino del exilio que tuvo su primer paso en la huida de la Mallorca pancatalanista y la necesidad de llevar siempre –o casi siempre- la contraria. Un exilio interior y exterior que no evitó las molestias de los ruidos y basuras que generaron los excesos de la masa que se limpiarán a cargo de los presupuestos generales.
A la calle en manada tendrían que salir los españoles cuando se les impone una lengua a sus hijos o su gobierno los engaña para decir un día una cosa y al siguiente la contraria. A la calle tendrían que salir para exigir que los gobiernos dejen de echar gasolina a la crisis económica y les devuelvan el fruto de su trabajo. A la calle tendrían que salir cuando los poderosos sientan en el banquillo a los críticos con el poder. Pero las calles siguen vacías de espíritus críticos, sólo salen los espíritus ebrios.
A pesar de lo que se dice de Zapatero, el presidente puede tener suerte. España ganará la Eurocopa y será la nueva Expo del 92. Si aquella alegró la crisis -económica y moral- que trajo el felipismo, ésta hará más llevadera la inflación del 5 por ciento y la fragmentación de España en 17 miniestados intervencionistas. Poco futuro para una sociedad que ha demostrado ser mansurrona y dispuesta al servilismo en la que en sus colegios no se enseña nada y en las universidades se regalan los títulos.
Ésta es la España que ha votado a ZP, la España que se emborracha feliz porque su equipo suma victorias. Pan y circo, ¡viva España!
El cuatro veces campeón de Roland Garros, Rafa Nadal, rey indiscutible de la tierra batida, no oculta su decepción con el president del Govern, Francesc Antich, y la televisión autonómica IB3 y así se lo ha expresado a su círculo más cercano. Al de Manacor no le ha gustado nada el comportamiento del líder del Ejecutivo autonómico hacia él y su familia.
Más, aquí.

Y un mallorquín que celebra la derrota de su equipo…
No he podido evitar el momento de euforia… ¿nacional?
Claro que una cosa es como se empieza y otra como se termina…
Impresionante semana del deporte español. El miércoles el Sevilla se proclamó campeón de la Copa de la UEFA, hoy Fernando Alonso ha ganado el gran premio de España de F1 dejando en el segundo puesto (en un duelo precioso y vibrante a la vez) al más grande piloto de todos los tiempos, Michael Schumacher. Dani Pedrosa también ha ganado su primera carrera en moto GP con sólo veinte años y Rafa Nadal acaba de proclamarse campeón del Master Series de Roma ante el número uno mundial, Roger Federer, tras más de cinco horas de partido; al conseguir este nuevo título el jovencísimo tenista mallorquín iguala la marca del gran Guillermo Vilas de 53 victorias seguidas sobre tierra batida. El miércoles próximo el Barça juega la final de la Champions League frente al Arsenal… Es lo único que nos falta.
Gran fin de semana para los que somos aficionados al deporte, por lo menos nos hemos podido distraer un poco de otras cosas mucho menos alegres, por no decir tristes, concernientes a la actualidad. Ojalá que todas las noticias fueran así.
Ayer Zinedine Zidane anunció su definitivo adiós al fútbol profesional. Mala noticia para todos los que nos gusta pasar un buen rato en frente del televisor viendo como una persona, con una habilidad casi sobrenatural con un balón en los pies, juega noventa minutos a tope con el objetivo de ganar un partido para todo el equipo. Mala noticia tratándose de este hombre que ya es considerado para algunos uno de los cinco mejores futbolistas de la historia mundial y mala noticia para los madridistas que vimos como, con una impresionante bolea, este francés de aspecto tímido metió un golazo espectacular que dio la novena Copa de Europa al Real Madrid en el año 2002.
Espero que lleguen otros jugadores con su talento en el futuro, aunque va a ser difícil porque, realmente, estamos ante todo un mago. Adiós y gracias Zizou…