…mi paso por la Universidad española y la andadura de este blog, últimamente tan poco actualizado como mi asistencia a la Facultad de Políticas.
Para quienes todavía quieran leer lo que tengo que decir podrán seguir haciéndolo en mi nuevo blog pero aquella primera parcela que durante tantos años ha amparado mis reflexiones se ha quedado algo obsoleta. Politeia quedará ahí, como hemeroteca a la que se podrá acudir cuando sobrevenga la melancolía. A lo largo de estos casi cinco años he cambiado lo suficiente para necesitar una nueva parcela construida con la ambición de ser casa -la mía y la vuestra- amueblada con las ideas aprovechables que me han acompañado sumadas a lo mucho que he ido aprendiendo.
Creo que es el momento idóneo para cerrar esta etapa pues fueron los mismos interrogantes, las mismas desconfianzas, las que me llevaron a empezar la bitácora y a salir de una isla que emerge del Mediterráneo como paraíso atemporal para emprender la aventura más apasionante de mi vida. Esperando la llegada de Evo Morales en la entrada principal de la Facultad recordaba el día que llegué allí por primera vez, alarmado ante las pintadas que me daban la bienvenida e invadido por una sensación de soledad que no había sentido antes y que nunca más volvería a sentir. No fue complicado adaptarse a una ciudad abierta a las ideas y a la gente como Madrid, pero la frustración y el desengaño con la Universidad no tardaron en llegar. Tuve que buscar el tráfico de conocimiento que esperaba encontrar en otros lugares, Politeia resultó esa ventana a través de la cual pude expresarme y, de la mano de alguien cuya hipocresía y fantasmas de hoy soy incapaz de comprender, encontré un círculo de personas extraordinarias; un ambiente en el que chapotear entre ideas y lecturas que son las que me han formado.

De haber confiado únicamente en la Universidad, continuaría siendo la misma tabla rasa, lleno de ideas equivocadas y prejuicios irracionales, y volvería a Mallorca habiendo desperdiciado demasiado tiempo. Por eso, siempre me he sentido afortunado y estaré eternamente agradecido a quienes me acogieron como a uno más. Sería injusto olvidarme aquí de los culpables de que todo esto fuera posible, de quienes han sido siempre ejemplo de vida, de quienes pusieron los cimientos de todo cuanto he construido después: mis padres. A ellos, se lo debo todo. No sin dificultad me mostraron el camino de la libertad, de la responsabilidad, de la superación y de la honradez. Verdadera Educación para la Ciudadanía, o mejor, Educación para ser Hombr
Tampoco es que haya desperdiciado por completo mi paso por los pasillos y aulas del Campus de Somosaguas. Algunos profesores, que no nombraré para evitar perjudicarlos, abrieron perspectivas en mi forma de ver el mundo. Desgraciadamente, los muros de la intolerancia y el totalitarismo que impera en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología también los asfixia. Tampoco podría haber echado raíces en Madrid sin aquellos que me ofrecieron su amistad, algunos de los cuales han llegado a ser amigos de esos que se tienen para toda la vida.



Publicado el día 29 de septiembre de 2009, festividad de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.






