Ayer asistí a la que será mi última clase antes de licenciarme –sí, conseguir ese título que tantos valoran pero que tan poco sirve- y no pude despedirme mejor de mi querida y odiada Facultad.
La profesora Villaverde nos regaló su primer libro publicado y ya descatalogado que bajo el título “Rousseau y el pensamiento de las luces” que marcó la estela que la llevó a escribir sobre el antifilósofo “Rousseau, pensador conservador”. Y desde ahí, el camino hasta la Ilusión Republicana ya estaba marcado. Además, junto a un compañero, presentemos a dúo una exposición sobre el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera. Gran antiliberal pero de interesantes contradicciones y buena prosa. Para que los que no se enteran luego no digan.
Todo cuando todavía no he terminado de digerir la cena de la Libertad. ¡Qué bien lo pasé a pesar -o por- de la pequeña maldad organizada por Mary White! Y es que desde entonces algunas cuestiones todavía revolotean por mi cabeza sin que haya tenido tiempo para postear.
Siempre he tenido un punto de vista universalista y cierto desprecio hacia las fronteras que marcan los límites de la libertad. Eso de que las pequeñas comunidades se autolegislen parece una buena cosa pero este principio esconde algunos peligros que no podemos desestimar. ¿Acaso no podría ser tan tiránica y despótica esa comunidad como lo es el Estado? Discurriendo contra Rousseau entiendo que la libertad no se salvaguarda porque las leyes hayan sido promulgadas por los mismos a los que se le aplicarán sino porque existe una Constitución que garantiza la libertad, protege los derechos y limita el poder. De aquí nace la libertad del Estado, constitucional y limitado, no como fin sino como medio.
Y hay algunos límites que son claros sobre lo que los liberales estamos más o menos de acuerdo. Uno de ellos es que no se puede legislar sobre la moral, pues es cosa que afecta al individuo en su esfera privada. Uno puede condenar a título personal cierta moral pero no castigarla pues como diría un epicúreo que cada cual cultive su propio jardín. Por tanto, el espejo en el que hay que mirarse no puede ser el de las comunidades que se basan en principios excluyentes sino en lo más amplias posibles, sociedades abiertas en el que el mayor número tenga cabida -o todos- y puedan realizarse como personas en todos los sentidos. No se trata de obligar a nadie a ser libre pero sí a permitírselo. ¿Qué tiene de liberal una comunidad de la que única salida a la disconformidad es el exilio? Por muy voluntaria que sea el germen del despotismo se esconde en esa comunidad, la tiranía de un poder legislativo ilimitado. La tiranía democrática y la negación de la libertad.








Operación Bandera ya!!!
Comment by Carbacho — 30 May, 2008 @ 5:52 pm
El constitucionalismo ha fracasado en su objetivo de limitar al estado.Un problema es que esa constitución necesita ser interpretada por seres humanos que tienen fuertes incentivos para dar cada vez mayor libertad al estado. Esto llevara a que los limites constitucionales al poder se reduzcan cada vez más mediante interpretaciones interesadas o mutaciones constitucionales.
Saludos
Comment by Stewie Griffin — 30 May, 2008 @ 6:15 pm
“¿Qué tiene de liberal una comunidad de la que única salida a la disconformidad es el exilio? Por muy voluntaria que sea el germen del despotismo se esconde en esa comunidad, la tiranía de un poder legislativo ilimitado. La tiranía democrática y la negación de la libertad.”
buena pregunta (y enfoque): responderé sobre esa cuestión el lunes ya que es quizás una de las preguntas más importantes/cuestiones quise decir…del liberalismo: ¿cuales son los límites? de ahi a que surje esa pregunta…que merece una respuesta.
No me atrevo a responder sobre esta cuestión a éstas horas de la noche-
Comment by Alfredo — 30 May, 2008 @ 8:47 pm