Después de una semana alejado de la actualidad vuelvo y me encuentro con toda una Guerra Civil en Red Liberal. Siempre he creído que los problemas se solucionan mediante la discusión, que el debate enriquece y nos hace avanzar en el camino que nos conduce a la verdad. No seré yo, por tanto, quien pida una tregua y el cese de hostilidades entre los liberales. Si me gustaría que muchos tengan en cuenta que los enemigos de hoy fueron amigos y que, seguramente, volverán a serlo.
Después de esta breve dispersión vuelvo al tema que me ocupa. En estas santas vacaciones he aprovechado para escaparme al sur y dar continuidad a aquel viaje que me llevó hasta Gibraltar. En esta ocasión, y aprovechando la efeméride del 19 de marzo, he querido visitar Cádiz, el Oratorio de San Felipe Neri y rendir mi particular homenaje frente al monumento que rememora las Cortes de 1812 y nuestra primera Constitución.
Ha sido esta una visita llena de contraposiciones y experiencias de todo tipo. Hubo tiempo para todo y, sobretodo, para desconectar de la abrumadora actualidad. Aunque descansar, descansamos poco. Tras las elecciones lo necesitaba. Ni un solo periódico llegó a mis manos y rehuí toda conversación sobre política. Me dejé abstraer por la belleza de una Sevilla que no visitaba desde hacía 16 años, relajarme sumergido en el Atlántico y bañado por el sol que ilumina el Puerto de Santa María. Tampoco faltó el necesario recorrido por las mismas calles que vieron nacer a España como nación política, una celebración cívica que en muchas ocasiones coincidió con la religiosa. Y sobre esto tengo que añadir que nada tienen que ver las procesiones de mi querida Palma con las de Andalucía, nada de nada. Para alguien que como yo desde que tengo uso de memoria ha vivido, desde dentro y desde fuera, esta peculiar tradición que se mezcla con el fervor religioso, la sorpresa y admiración fueron inimaginables. Seguramente porque allí les mueva más la fe que la tradición, el sentimiento y la admiración hacia lo trascendente. O la superstición, vaya usted a saber.
Pero la fusión no se quedo ahí, el mismo día que desayunaba las torrijas más cojonudas -con perdón- que he probado a la noche merendaba unos deliciosos pancakes preparados por manos americanas y con los mágicos polvos de la tía Jemima. Polvos y sirope que ahora guardo en casa para celebrar de forma particular la pascua de resurrección. A falta de mis crespells, robiols y panades que tanto añoro no serán malos sustitutos.
Podría contar alguna cosa más pero prefiero guardármelo para lo que ya es una experiencia inolvidable. A Cádiz volveré en 2012.










Dices que hay una guerra… Lo peor es tener que coger el Mauser para disparar cuando te agreden por la cara. En otras palabras, yo no tenía ninguna gana de una trifulca pero si te dicen “asesino”, me dirás lo que puedo hacer.
Me alegra que disfrutes en mi tierra. Que sepas que te considero tan gaditano como a Columela.
Un saludo.
Comment by Cromwell — 22 March, 2008 @ 2:34 pm