Acabo de llegar del Templo de Debod. Desde allí he asistido a un atardecer. Un atardecer que espero marque el final de una legislatura ominosa.
Si el milagro se hace realidad, hoy me quedaré a ver un nuevo amanecer. El amanecer de una España mejor que no se dedique a jugar con sus muertos sino a honrar su memoria. Una España en la que podamos vivir en libertad sin que se nos impoga una ética o una lengua determinada.
Si alguien tiene ánimo de celebrarlo a altas horas de la madrugada que me lo haga saber. Yo, hoy, no dormiré. Para variar.







