Escribo por escribir. Resulta que al volver ayer a casa caí en la cuenta de lo mucho que ha cambiado mi vida en cuestión de días. La reflexión es tonta, pero curiosa. Hace unos años que llevaba acostándome con César y despertándome con Federico. Parece que esta homosexualidad radiofónica era un exceso de vicio poco tolerable por mi tradicional educación –llegó tarde la Educación para la Ciudadanía en mi caso- así que abandoné a César para centrarme en quien más me importaba.
Pero eso era antes, porque ahora, sin comerlo ni beberlo, me encuentro que en lugar de despertarme escuchando su voz me acuesto con Federico al ir a dormir. En cualquier caso, lo importante es que cuando estoy en la cama sigue a mi lado. Y que dure.







Pues ya somos dos. Precisamente la voz de Federico es lo último que escucho cada jornada. No me haría a la idea de despertarme con su programa, resultaría extraño. Cosas de ser un noctámbulo…
Comment by Elentir — 24 January, 2008 @ 5:01 am
Bueno, la vida puede cambiar radicalmente en apenas minutos, de tal forma que apenas tienes tiempo para darte cuenta, dado el mundo de prisas en el que vivimos. Yo, sin ir más lejos, me siento así.
Y respecto a lo de los horarios, yo, por estilo de vida, siempre he preferido el que ahora tienes tú, acostarse muy tarde (o muy temprano por la mañana, según se mire). Cuando estuve en California me pasaba una cosa curiosísima, y a la vez muy agradable. Por la diferencia horaria mientras preparaba la cena escuchaba a Federico en directo (empezaba a las 9 de la noche hora de allí), y me terminaba durmiendo en mi sofá con la tertulia de fondo (11.30 - 1 de la madrugada, aunque casi nunca aguantaba hasta el final), hasta que finalmente apagaba el ordenador y me iba a la cama. ¡Qué recuerdos…!
Grüße aus Deutschland
Comment by Clausius — 24 January, 2008 @ 10:20 am
jajaja, no eres el único. Parece que es toda una orgía radiofónica!
Comment by Aleon — 29 January, 2008 @ 3:26 pm