Hace unas semanas estuve en Galicia, tierra preciosa donde las haya y de la que se tiene morriña aun sin haber nacido en ella. Confieso que recorrí y vagabundeé por sus calles de fachadas reverdecidas por esa lluvia tan propia de la región que parece casi su sangre. Albergo el convencimiento, y confío en no ser el único, de que una buena forma de tomar el pulso a las gentes de un lugar es pasearse entre ellas. Sin ninguna duda mi método y yo arderíamos en la hoguera de cualquier sociólogo o cardiólogo de la para algunos délfica opinión pública. Pero no nos engañemos, en Galicia no puede uno describir las cosas sin acabar describiéndose a sí mismo; quien pinta un árbol acaba convirtiéndose en árbol, decía Nietzsche, y cuánta razón tenía el eximio poeta de las frases para todo.
De este modo mi método anticientífico y yo dimos un paseo por las ciudades de la verde Nación de Breogán. Me sorprendió la profusión de pintadas reivindicativas repartidas aquí y allá en gran cantidad de paredes. Aunque de signo nacionalista-independentista, presentaban un espectro tan amplio de matices ideológicos que me dejaron estupefacto. Perfectamente puede el turista o viajero (no son lo mismo) encontrarse con una pintada reintegracionista (la facción dentro del nacionalismo que exige formar parte de Portugal, al menos lingüísticamente) para doblar la esquina y chocar con una que con gran desparpajo saca jugo de la ascendencia celta de los gallegos para elaborar una variante filo-nazi del nacionalismo autóctono. No sé bien como se conjuga un supuesto carácter céltico con la raza aria para asimilarlo a un discurso de extrema derecha, pero lo cierto es que semejante e inverosímil cóctel existe y se puede ver. Este repertorio de insensateces se completa con un nosequé ideológico que, a modo de simbiosis entre naturaleza y nación, bien podriamos denominar como nacional-ecologismo. Exactamente, la pintada interpretaba la plantación de eucaliptos, especie no autóctona, como una muestra más de la inaceptable injerencia "extranjera". Y cómo no, instaba a echar fuera de Galicia a españoles y eucaliptos.
Ante tal batiburrillo ideológico sólo pude sacar algo en claro, una intuición: el nacionalismo gallego, como movimiento, no goza de gran empuje en Galicia. Sobre todo por la fragmentación de orientaciones que sufre: desde posturas galleguistas con posturas regionalistas y nacionalistas hasta el más reconocible independentismo, pasando por el reintegracionsimo y los desvaríos nacional-raciales. No existe en Galicia un discurso nacionalista unitario, aunque el predominante, el que incluye tintes marxistas, es el mayoritario y el ostentado por el BNG.
Seguramente con mi intuición no he descubierto América. Pero puedo asegurar que constatarlo es impactante. En las mismas calles en las que leía las pintadas antiespañolas, las gentes hablaban ese inconfundible y musical castellano galleguizado. En ese punto es cuando percibimos el fracaso del nacionalismo gallego: todavía no ha conseguido implicar a la sociedad en una lucha de reivindicación identitaria. Ni tan sólo han alcanzado que la lengua gallega pueda ser usada como arma de militancia. Con esto no quieroo decir, por supuesto, que el nacionalismo en Galicia sea despreciable, puesto que es la tercera fuerza más votada y ocupa algunos ayuntamientos cuando no sirve de palanca para echar, con los consabidos pactos electorales, al PP del poder. Pero no es menos cierto que ser la tercera fuerza más votada en una de las comunidades históricas con lengua propia constituye, si lo comparamos a País Vasco y Cataluña, un ejemplo de anquilosamiento nacionalista. Pero su esclerotización no es por falta de ansia y ambiciones, demostradas cada poco desde la Xunta, sino por la falta de eco en la sociedad gallega.
Por todo esto, me sorprendo al leer hoy una noticia en El País Digital: Interior está alerta ante un atentado próximo, coincidiendo con el Día de Galicia, del grupo independentista Resistencia Galega. Al parecer son un par de decenas de jóvenes que desde 2005 han venido colocando diversos artefactos caseros en Santiago y Pontevedra. Sin embargo, Interior está alerta porque ha observado una creciente sofisticación y temen algún muerto no deseado (como los que mata ETA desde la T4).
Decía mi padre, el típico gallego del ni sube ni baja, que en los años 80 el poner bombas parecía estar de moda en Galicia. Ahora también parece estarlo aunque no de mano del Exercito Guerrilheiro sino de esta Resistencia Galega más bien bufonesca. Y es que parecen moverse por el ideario nacional-ecologista, que tan inverosímil me resultó expresado en aquella pintada, al atacar empresas constructoras, según ellos, destructoras de su país. Además, Interior piensa que se entrenan entre la exuberante naturaleza gallega, como si de una guerrilla sudamericana se tratara. Uno casi imagina a esos jóvenes haciendo botellón con la Santa Compaña en algún bosque perdido. En resumen: cutre, pero cutre, cutre.
Y es que, en definitiva, Galicia no necesita ninguna ETA con denominación de origen, porque ya inventó el sentimiento de nostalgia y de amor hacia la tierra más fuerte que toda la algarabía nacionalista y sin duda más poético: la morriña. Y, mal que les pese a beneguistas, reintegracionistas, resistentes y demás ralea, Santiago seguirá cerrando España.








El nacionalismo de izquierdas en Galicia es ridículo por dos cosas:
-La tradición minifundista gallega (todo el mundo era y en menor medida sigue siendo propietario de pequeños retazos de tierra) casa mal con una idea de reparto de las tierras, mas popular en zonas meridionales.
-El propio partido popular de Galicia es en si un partido nacionalista, y muy nacionalista (otro caso de despiste por parte de la dirección central), con la salvedad de que no propugna ideas izquierdistas(garantiza “o terreniño” a los propietarios)
Comment by Metternich — 9 July, 2007 @ 7:37 pm
La verdad es que la última vez yo también vi muchas pintadas, sobre todo las de GZ y la estrella, y las de Galiza Independencia, sin embargo, es algo artificial, tú hablas con la gente, y todos se sienten españoles, y ni quieren ser portugueses, ni de la Nación de Breogán ni de la Repúblika Sozialista Libertaria de Galiza(que también vi una pancarta), y, aunque ahora quieran imitar algunos como Resistencia Galega a batasunos y asimilados, o se burlen de nuestros soldados asesinados en el Líbano, saben que son una inmensa minoría, aunque hay que llevar cuidado, porque si se cede siempre ante los partidos nacionalistas, se pueden hacer nacionalismos de atrezzo para las reivindicaciones que luego deriven en otras cosas, por lo demás, Galicia está preciosa.
Comment by Así está Murcia — 10 July, 2007 @ 12:02 am
Queremos más como éste!!!!! ;P
Comment by daimon — 10 July, 2007 @ 11:30 am