No se equivoquen, este post nada tiene que ver con la guerra del Líbano o asuntos similares. Resulta que durante estos días de verano tuve el honor de ser invitado por daimon a compartir sol y playa durante unos días en una localidad de la costa mallorquina. Durante aquellos días fui testigo del alboroto y revuelo que se levantó en un lugar donde la calma y la tranquilidad suelen ser la única compañía.
Todo empezó con los mundiales de fútbol, el fervor patriótico inundó todos los corazones y Francia estaba en la final: un vecino francés colgó su bandera patria en la terracita de su casa. Otros vecinos decidieron que los sentimientos de culpa y avergonzarse de ser español eran cosas que debían pasar de moda, una pequeña bandera española ondeaba al día siguiente en otra terraza. Pero no hay dos sin tres así que hubo quien no pudo soportar tal alarde de españolismo y decidió que ya era hora de enseñar con orgullo la bandera independentista catalana.
Pero la guerra de las banderas no termina aquí pues el mismo Daimon quiso hacer escuchar su voz -¿se imaginan a daimon calladito y sin hacer nada en un caso como éste? Yo no. Y es que al pobre editor de politeia le ha salido en lo más íntimo y próximo de su familia una voluntad irredentista que se identifica más con la bandera catalana que con la española. Con la guerra de las banderas en marcha su silencio podría haberse convertido en la perdida para siempre de esa “voluntad”, era tiempo de actuar y pensó que la vía autonomista podría reconducir a su “pequeña voluntad” por la senda constitucional y, de paso, participar en la guerra que se estaba librando.
Me dicen que la guerra ha terminado y que sólo la pequeña bandera española permanece en su lugar. Quizá lo peor de esta pequeña guerra haya sido que no ha conseguido atraer a la senda constitucional a su “pequeña voluntad”, pero esté tranquilo daimon porque él sabe que si Pilar Rahola llegase a ser la presidenta de la República catalana no dudaría en prestarle lealtad y enarbolar otras banderas. Bueno, de la catalana o de cualquier otra.
Manténgase cerca de las pantallas de sus ordenadores porque próximamente narraré otros cotilleos acaecidos en la costa mallorquina y de los que pude ser testigo.







Es desolador el panorama que nos ofrece el descerebrado Rodríguez el Traidor: heridas abiertas, generación de desconfianza entre vecinos y continuo sembrar de la semilla del odio.
Mal rayo lo parta, no es ZP, es todo un HP.
Comment by El Cerrajero — 20 August, 2006 @ 4:25 pm
Lo primero, bienvenido a la red antizp. Lo de las banderitas llevamos tiempo soportandolo. En manifestaciones universitarias en las que únicamente se reivindicaban derechos estudiantes los individuos afectos a juventudes comunistas y similares portaban banderas de Cuba, del Che, de la República.. Curiosamente el órgano convocante estaba presidido por un compañero de Nuevas Generaciones. Pero todo es válido para sacar a paseo los trapos de turno. Luego, sacas la bandera rojigualda, la española, la constitucional y resulta que eres un fascista. Lamentable. La gente se aburre mucho, mucho, mucho.
Comment by El Charro — 20 August, 2006 @ 6:46 pm