Ese podría ser el resumen de la crónica parlamentaria vivido ayer en el Congreso de los diputados. A pesar de no poder ver en directo las intervenciones estelares gracias a Internet he podido reconstruir las partes más importantes del debate. Un debate que deja un mal sabor de boca debido a la baja calidad en la oratoria de muchos de los que ayer hablaron, en particular de un Manuela de Madre incapaz de articular un discurso bien construido y que nos regaló un nuevo hallazgo histórico:con el siglo XIX llegó la Inquisición a España (no fue un lapsus pues habló de que al XVII le siguió el XVIII y a éste el XIX, por si alguno no se había dado cuenta).

A pesar de esas “imprecisiones” históricas, por ser educado, el resto de parlamentarios se mantuvieron en su línea, la mediocridad. Imitaciones de gobernantes anteriores, tonos monótonos que aburrirían a sus afiliados más fanáticos o vaguedades rebañadas de idealismos imposibles fueron la tónica general.
Mediocridad que resulta hiriente en boca del presidente del gobierno que corretea por la cuerda floja del Estado de Derecho contentando a aquellos que no tienen otro objetivo que terminar con él para aislar a un Partido Popular que, aunque aislado en el parlamento, es seguido por multitud de ciudadanos. La mentira continuada y la referencia al diálogo y el buen talante con aquellos que mantengan su punto son ya conocidos por todos, nada nuevo.
Dos excepciones en el arco parlamentario. La primera la de Carod-Rovira que aunque el fondo y las ideas defendidas puedan resultarme del todo repugnantes (por retrógradas, inmovilistas, insolidarias, excluyentes e intolerantes) mantiene un discurso bien construido y coherente, ya les gustaría mucho a algunos parecérsele en ese sentido. Es una excepción que no me sorprende pues tiempo atrás he podido escuchar algunos de sus discursos en el parlamento autonómico de Cataluña, en alguna ocasión me habrás escuchado decir que me parece un tipo simpático (siniestro pero simpático, debilidades personales supongo).

La segunda excepción no es otra que la de Mariano Rajoy que sobre su espalda cargaba la inmensa responsabilidad de oponerse a una reforma de un estatuto que supone la abolición del antiguo, la creación de uno nuevo y la mutación constitucional (reformarla por la vía de los hechos saltándose a la torera los procedimientos que se establecen). Una oposición en soledad, dicen, pero con el apoyo de muchos ciudadanos y de argumentos racionales de peso. Discursos los de Mariano que podrían haberle llevado a defender una noción de España rancia y antigua, nacionalista (como los defensores de los nuevos estatutos catalán y vasco). Su discurso, en cambio, entronca con la mejor de las tradiciones liberales españoles, retoma el testigo gaditano de 1812 y defiende la Nación como depositaria de la soberanía que lo es cuanto a voluntad de los individuos para la defensa de sus intereses individuales (no la enajenación de los derechos individuales y la negación de la responsabilidad personal a favor de un ente colectivo y supremo que prevalece sobre los hombres). Su oratoria además clara, concisa, pedagógica puede permitirse la introducción de golpes de efecto irónicos que amenizan y suavizan la dureza de sus palabras. Sobretodo un discurso realista que no cae en el utopismo zapateril pero que resultó vibrante e ilusionante, motivador. Pocas esperanzas quedaban a aquellos que aprecian la libertad individual por encima de la colectiva (que es el punto elemental a debatir) ante la situación de nuestro país, pero a partir de ayer existen motivos de esperanza.
No estamos solos. Mariano, ¡ese es el camino! No nos defraudes.







“Estamos convencidos de que ayer se produjo un paso adelante irreversible, un paso de no retorno (…) para la aprobación definitiva de un buen Estatuto de Autonomía”, ha enfatizado Saura, quien ha resaltado que a partir de ahora “el debate se sitúa en la negociación política” y no jurídica, ya que ve avalado que el texto se enmarca en la Constitución Española.
Eso es lo que ha dicho Saura en nombre del Gobierno autonómico de Cataluña según el País.
Comment by daimon — 3 November, 2005 @ 11:16 pm
La mayoría de los periódicos de tirada nacional dan como claro vencedor del debate a Rajoy. Zapatero tiene que rectificar o convocar elecciones inmediatamente.
Comment by Diego S — 4 November, 2005 @ 6:22 pm
“El pueblo español no es soberano porque lo diga la Constitución. NO. Es al revés: el pueblo español hizo la Constitución porque era soberano. Las comunidades autónomas no han creado ni pueden crear la Nación o el Estado. Todo lo contrario: es la nación soberana la que ha dispuesto constituirse en Estado y que en ese Estado existan comunidades autónomas. El gobierno de una comunidad autónoma, de ninguna, no lo elige ningún poder ajeno a la soberanía nacional, sino los españoles censados en dicha comunidad, en los cuales la soberanía nacional ha delegado esa parcela de poder”. Mariano Rajoy
Comment by daimon — 5 November, 2005 @ 10:22 pm